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miércoles, 3 de octubre de 2018

Gilles de Rais, el asesino de niños

Gilles de Rais, el asesino de niños

El mariscal francés, inspiración del relato de Barba Azul, se dedicaba a torturar a muchachos en su castillo.

¿A quién llamaban 'el asesino de niños'?  A Gilles de Rais quien fue un mariscal francés que luchó en la Guerra de los Cien Años junto a Juana de Arco.



Sin embargo no fue este hecho el que le hizo pasar a la historia. Ocultaba un abominable secreto: era un asesino en serie de niños.

El recurso que utilizaba para atraer a sus víctimas era bien sencillo pero efectivo: les atraía a su castillo ofreciéndoles trabajo. Una oferta difícil de rechazar para los jóvenes y niños de la época, dado que de Rais era una de las personalidades más acaudaladas de Francia.

Una vez conseguía atraer a los chiquillos, les encerraba y les practicaba toda clase de torturas, abusos sexuales, maltratos… Hasta que los pequeños desfallecían y morían.

Acostumbraba a atraer a jóvenes de entre 8 y 12 años. Durante los años de máxima actividad como infanticida, principalmente entre 1432 y 1440, se llegaron a contabilizar hasta mil desapariciones de niños de esas edades.

Sus víctimas eran generalmente de ojos azules y rubios, y generalmente eran secuestradas de la aldea de Machecoul y las áreas circundantes o atraídas a su castillo. Su primera víctima fue un mensajero de 12 años que fue colgado del cuello con un gancho de metal y violado antes de ser asesinado. Más y más niños empezaron a desaparecer y surgieron sospechas. Desafortunadamente, los lugareños estaban demasiado aterrorizados para enfrentarse a uno de los hombres más poderosos de Francia.

Rais tenía una cámara especialmente construida donde restringiría a sus víctimas mientras procedía con sus grotescos actos sexuales. Los mataría con una variedad de métodos que incluían el desmembramiento, la decapitación y el desmembramiento. Disfrutaba verlos morir, a veces incluso riéndose. Después de algunas dificultades, finalmente se presentó un caso en su contra. Rais declaró en su juicio que admiraba las cabezas y partes del cuerpo de sus víctimas más hermosas. Gilles fue arrestado en septiembre de 1440 y acusado de 34 cargos de asesinato. Eventualmente confesaría los asesinatos bajo la amenaza de tortura. Rais fue encontrado culpable de asesinato, sodomía y herejía. Gilles fue ahorcado y luego quemado el 16 de octubre de 1440, junto con dos de sus sirvientes. A Rais se le concedió el derecho de confesión después de expresar remordimiento. Se negó a admitir que era un adorador del diablo y arrepentido pidió perdón y se confesó. Gilles de Rais se convertiría en uno de los primeros asesinos en serie conocidos en la historia. La culpa y la conciencia que mostraría cuando no se dejaba llevar por las ganas de asesinar solo confirmaron lo depravado y mentalmente perturbado que era este hombre.

Algunos dicen que mínimo asesinó a mil niños y adolescentes, pero lo más probable es que hayan sido entre 34 y 200 victimas.


Inspiración para Charles Perrault

La historia de este personaje real, poco conocido, fue sin embargo la inspiración de uno ficticio que pasó a la historia como uno de los personajes de ficción más crueles: se trata de Barba Azul. El escritor de cuentos infantiles por excelencia, Charles Perrault, fue quien halló una musa creativa en la terrible historia de este infanticida.

Sin embargo, la historia de Barba Azul es algo distinta: en lugar de asesinar a muchachos, sus víctimas eran mujeres. La historia de Barba Azul fue publicada en la obra Cuentos de Mama Oca, un compendio de relatos y narraciones populares inspiradas en leyendas o en personajes reales, entre las que figura la historia de este sádico asesino de niños. Una narración que se publicó a finales del siglo XVII.

Al igual que Gilles de Rais, Barba Azul se valía de engaños para atraer a las mujeres y poder encerrarlas en su castillo. Y ambos acabaron mal. En la historia, Barba Azul es asesinado por sus cuñados, que irrumpen en la estancia en la que se disponía a matar a su mujer rebanándole el cuello con un cuchillo. Ésta, poco antes, había descubierto el secreto de Barba Azul: una habitación en la que ocultaba los cadáveres de sus anteriores amoríos.

miércoles, 12 de septiembre de 2018

Jeanne Baret: la primera mujer en circunnavegar el mundo

Jeanne Baret: la primera mujer en circunnavegar el mundo

Se encargó de gran parte de la labor botánica en la expedición de Bougainville y quisieron dejarla atrapada en Isla Mauricio.




Hay quien dice que la buganvilla debería tener otro nombre. No el de Luis Antoine de Bougainville, capitán de la expedición francesa que, en el siglo XVIII, trajo a Europa todo un aluvión de nuevas plantas. Tampoco el de quien era su botánico oficial, Philibert Commerson. Más bien parece que gran parte del mérito correspondería a quien era su oscuro asistente, Jean Baré, que le cuidaba mientras estaba enfermo (la mayor parte de los tres años que estaba previsto que durara la expedición), y que resultó en realidad llamarse Jeanne Baret y ser una mujer.

Una mujer con un profundo amor por la botánica y que fue quien hizo la mayor parte del trabajo de campo ante la imposibilidad de aquél de salir de su camarote... hasta que su secreto se reveló y ella y Commerson fueron obligados a desembarcar, en castigo por haber contravenido la norma de que las mujeres no podían enrolarse en la Marina Real francesa. Podía haberles ido peor: en algunos casos, la desobediencia acarreaba incluso la pena de muerte.


En algún momento entre 1760 y 1764, Baret había entrado a servir en la casa de Commerson. Apenas se sabe gran cosa de ella, más allá de que había nacido en 1740 en La Comelle, en Borgoña, y que muy pronto se había quedado huérfana. Sin embargo, era perfectamente capaz de leer y escribir al conocer a Commerson, algo totalmente inusual para la época. Cuando la mujer de éste falleció, Baret se convirtió en la práctica en la amante de éste, hasta el punto de que llegó a concebir un hijo que fue entregado en adopción. Y cuando él se convirtió en el botánico oficial del rey, le siguió a la corte.

Nuevas tierras

En 1766, Francia, que quería recuperar el terreno perdido en la época de las grandes exploraciones frente a Gran Bretaña y España, organizó una gran expedición científica por América y Oceanía para encontrar nuevas tierras y ampliar el conocimiento de las ya descubiertas. Commerson fue asignado a ella y, ante la perspectiva de tener que separarse de Baret, decidieron organizar un engaño: aprovecharon su salud precaria para que se aprobara que viajara con un asistente. Haciéndose pasar por hombre, Jeanne subió al barco en otro puerto, como si no se conocieran previamente. Como precaución, el botánico había hecho testamento dejándole todo a ella.

Hasta 1768 se mantuvo la ficción. En un barco abarrotado como aquél en el que viajaban, la mala salud de Commerson fue una suerte, porque se le asignó el amplio camarote del capitán para que su "asistente" pudiera cuidarle, el único además que poseía aseos propios; además, la condición de él les daba una excusa para aparecer lo menos posible en público. Cada vez que el barco tomaba tierra, ambos descendían, pero la mayor parte del laborioso trabajo lo ejercía ella, que sentía una verdadera devoción por la botánica. La cosecha final sería de 3.000 nuevas plantas; Commerson se reservó ponerle su nombre a 70 de ellas; sólo una recibió el de Baret, y encima luego fue removido en un cambio en la clasificación.

Atrapados en la isla

Pero el frágil teatro no podía durar. Ya algunos indígenas de las islas del Pacífico, notaron desde el primer momento que quien decía llamarse Jean Baré era en realidad una mujer. En 1768, mientras el barco estaba anclado en Isla Mauricio se supo a ciencia cierta y, como castigo, Bougainville hizo abandonar el barco a la pareja, que se quedó sin medios para volver a Francia. Commerson murió allí en 1773, y Jeanne tuvo que poner en marcha una taberna en Port Louis para sobrevivir. Mientras, el fruto de su trabajo causaba sensación científica en toda Europa.

Finalmente, Baret terminó por conocer a un oficial francés, Jean Dubernat, con quien terminaría casándose en 1774. Gracias a ese matrimonio pudo acompañarle de vuelta a Francia. Allí por fin se podría cumplir el testamento de Commerson, y recibió toda su herencia. Además, Luis XVI le concedió una pensión vitalicia en agradecimiento a sus servicios en la expedición, en el que la reconoció como la primera mujer en dar la vuelta al mundo.

Baret vivió hasta 1807, y los años posteriores vieron cómo el recuerdo de su labor científica se perdía. Hasta que en 2012, con motivo de la aparición poco antes de su primera biografía, escrita por Glynis Ridley, The Discovery of Jeanne Baret, el botánico norteamericano Eric Tepe quiso darle el nombre de Solanum baretiae a una especie sudamericana emparentada con la patata, el tomate y la berenjena. Por fin algo de su enorme labor se plasmaba en el saber que tanto había contribuido a expandir.